Mindfulness

El mindfulness es un tesoro con un poder realmente transformador. 

Las consecuencias de vivir la vida con atención plena nos llevan a tener una actitud pro-activa con lo que sucede.

Nos regala la capacidad de dar “al pause” en la vida, y así poder responder con sabiduría en lugar de simplemente reaccionar desde nuestros automatismos 

El cultivo de la atención plena y la presencia en la vida cotidiana es, en realidad, el reto de vivir despiertos, profundizando en la naturaleza de las cosas y comprendiendo que, así como la vida es cambio permanente, nosotros también estamos en transformación constante. 

El despliegue de la mirada interna, así como de un estado de mayor presencia en la vida, nos permite devenir conscientes de nuestros automatismos, al tiempo que nos vemos más libres de elegir respuestas y estrategias vitales que no necesariamente parten de los hábitos que hasta entonces nos han caracterizado. 

Desde esta perspectiva, la práctica Mindfulness dista mucho de ser una mera técnica; su esencia en realidad conlleva el despliegue de unas nuevas “gafas de ver la vida” por las que nos entrenamos a atestiguar aquello que está sucediendo, justo en el momento en el que está sucediendo; sin juicio y con aceptación radical. Una mirada ésta que no implica una actitud de resignación, sino una forma de vivir por la que comprendemos que es inútil luchar contra lo que ya es, o fue, pues la resistencia es lo que precisamente nos genera un sufrimiento innecesario. 

En realidad, cuando nos damos cuenta de que no somos tan sólo la incesante corriente de pensamientos y emociones, sino el puro centro de percepción que atestigua toda esta sucesión cambiante de contenidos, vemos cómo disminuye drásticamente nuestro nivel de sufrimiento. El despliegue de esta consciencia es lo que precisamente nos permite dar un salto y dejar atrás muchos de los bucles inconscientes en los que nos vemos inmersos. 

¿Qué es en realidad Mindfulness?

Mindfulness es una palabra inglesa empleada para traducir el término pali –‘sati’–, que significa “atención, conciencia y recuerdo”. Al español la traducimos como “conciencia o atención plena”, es decir, un estado activo de atención enfocada hacia lo que sucede en el momento presente. Tal estado de presencia implica pasar del “piloto automático” a un modo consciente y es, por lo tanto, el antídoto ideal para trascender el deseo de huir o evadirse a través de conductas compulsivas.

Dice Gunaratana que “el cultivo de la atención plena exige un esfuerzo muy suave y delicado, que consiste en recordarnos de continuo la necesidad de cobrar conciencia de todo lo que ocurre aquí y ahora. El único secreto radica en la perseverancia y la suavidad. La atención plena se cultiva regresando amablemente una y otra vez al estado de atención y presencia."

Estar en Atención Plena es atender voluntariamente a lo que sucede, mientras permanecemos relajados y a la vez en estado de presencia. Dicho estado se asemeja al del gato: éste puede permanecer en profunda relajación, a la vez que atento a cualquier movimiento o ruido. En cuestión de milisegundos el gato puede salir de su estado de relajación para, por ejemplo, perseguir una mosca. Esta es la actitud sobre la que se asienta Mindfulness: la distensión relajada y, al mismo tiempo, la atención muy despierta.

Uno puede pensar: “pero si yo estoy atento/a; de hecho, estoy demasiado alerta a lo que sucede…”. Si bien nuestro estado habitual en el día a día suele ser el de alerta, ello no implica que estemos en atención plena: en realidad, muchas veces estamos completamente ausentes de lo que sucede aquí ahora. Si no estamos atendiendo a la vida que sucede ahora, entonces…, ¿qué es lo que estamos atendiendo? Si nos paramos a observar, nos daremos cuenta de que a menudo nuestra atención está absorta en lo que sucedió en el pasado, por lo que nos embargan sentimientos tales como añoranza, tristeza o rencor; o en el futuro, con lo cual es muy posible que nos vivamos en un estado de ansiedad y miedo debido a la anticipación. Así es como nos enredarnos en hábitos adictivos o compulsivos, huyendo de lo doloroso del momento y buscando repetir un placer que tenemos guardado en nuestra memoria. 

Mindfulness es un entrenamiento que nos invita a detenernos para observar lo que está sucediendo en este instante. Tal atestiguación atenta nos permite darnos cuenta de la reacción automática justo en el momento en que se está desencadenando. De esta forma, nos vamos tornando progresivamente más conscientes de los estados de nuestra mente, así como de las tensiones y sensaciones que tales reacciones automáticas generan en nuestro cuerpo, cómo es nuestra respiración… Así, aprendemos a desarticular los hábitos y respuestas inconscientes, cambiándolos por elecciones más conscientes y, en último término, más constructivas.  

 

Autogestión emocional saludable

De lo anterior, se deriva que la práctica de Mindfulness favorece el despliegue de una autogestión emocional óptima, una autogestión que por otra parte se hace imprescindible en la recuperación de una adicción.

Como hemos visto, la propuesta de este entrenamiento para la vida es bastante simple: se resume en vivir en el presente, soslayando los juicios que nuestra pensante elabora constantemente acerca de lo “bueno o malo de las cosas”, lo “terrible o fabuloso de esta circunstancia”, lo “bello o feo de tal persona”, etc. Pero, como todo hábito, necesitamos perseverar para que se instaure como las “nuevas gafas de ver la vida” anteriormente mencionadas.  

Mindfulness no comporta prácticas exóticas ni complejos rituales. El entrenamiento en sí es tan silencioso, que en realidad tan solo uno sabe que está haciendo un íntimo trabajo sobre su mente y su corazón. Los progresos se manifiestan a través de una mayor presencia en la vida cotidiana, una postura corporal que refleja la serenidad y firmeza interna de quien está atento y presente en lo que sucede ahora, el afinamiento en la palabra y la acción, y el descenso del sufrimiento psicoemocional. 

 

A través de la práctica de la Atención Plena no tratamos de llegar a ningún lugar ni meta; consiste, sencillamente, en permitirnos estar y ser conscientes del lugar y momento en el que estamos. Consiste sencillamente en Ser. Es como si practicáramos, una y otra vez, en aunar nuestra energía vital en el aquí ahora y así disponer de ella para lo que realmente nos demanda la vida. Este es el lugar: en todo momento estamos llegando. No hay otra cosa que hacer más que observar con atención, presencia y amabilidad las experiencias que se van sucediendo, un momento tras otro, en nuestra conciencia. Se desarrolla así, a través de la vivencia directa, la íntima certeza de un nivel esencial de identidad desde donde se atestigua, neutral y compasivamente, lo que sucede “dentro” y “fuera” de nosotros. 

Posibilita que nuestros patrones de personalidad no salten de manera automática, haciéndonos reaccionar a lo que percibimos. Genera un espacio de libertad desde el que poder observar alternativas de respuesta, lo cual es reflejo de un aumento en el nivel de conciencia y libertad. 

Sin este “darnos cuenta” vivimos esclavos de las emociones y pensamientos que surgen espontáneamente al vivir con el piloto automático puesto. La actividad mental dispersa nos lleva a recorrer un pasado con el que permanecemos resentidos, desde el que se proyecta un porvenir que se espera con ansiedad. El mindfulness nos recuerda que, en el aquí y ahora, podemos tener la opción de elegir de forma consciente e intencionada cómo relacionarnos con nosotros y nuestras circunstancias.

Se practica a través de la meditación, la cual tiene el propósito de calmar la mente para ver con claridad. Esta meditación puede ser formal (adoptando una determinada postura y de una forma regulada) o informal (cuando se realiza en cualquier momento de la vida cotidiana, al llevar la atención plena a ese instante presente). Pero el mindfulness no se limita a la practica de una meditación, sino que es un estilo de vida atento al presente, sin juicio y con grandes dosis de aceptación. La atención plena no se refiere a un contenido mental, sino a una actitud ante nuestra experiencia, independientemente de cómo o cuál sea ésta. Se trata de ser conscientes de la experiencia presente sin juzgarla, sino aceptándola tal y como se presenta.

¿Qué no es mindfulness?

NO consiste en tratar de relajarse. Estamos presentes con lo que ocurre, atentos.

NO significa tener la mente en blanco o de vaciarla de pensamientos. El mindfulness nos ayuda a ver con claridad nuestros pensamientos.

NO es renunciar a nuestras emociones. Nos convertimos en seres más sensibles,

que abrazamos nuestras emociones, las comprendemos, las asumimos. 

NO se trata de buscar la iluminación.

NO se trata de trascender la vida ordinaria.

NO es rehuir el dolor. Si en vez de escapar de las emociones negativas las afrontamos y las hacemos frente, nuestro sufrimiento disminuye.

NO tiene que ver con apartarnos de la vida.

NO es una religión. Es un método científico que en nada se interesa por las creencias del paciente.

 

La mente es como una centrifugadora en la que gira y rebota lo mismo una y otra vez. Repetimos, y volvemos a ensayar los argumentos, fantaseamos listas de la compra, imaginamos el futuro, recordamos acontecimientos difíciles… Incluso podemos pensar que este ruido mental sólo lo tenemos nosotros, que los demás son más tranquilos y todos parecen tener una vida mejor que la nuestra. Parecen más ordenados, felices y centrados. Pero la realidad es que la mayoría de las personas tienen una mente tan inquieta como la nuestra.

Pasamos la mayor parte del tiempo pensando. Nuestra mente es singularmente capaz de distraerse, pensar en las cosas que han sucedido, anticipar las que pasarán y planificar las que podrían ocurrir en el futuro. Pero la distracción cognitiva conlleva un costo. Investigaciones recientes han descubierto que, cuando las personas piensan en algo distinto de lo que están haciendo ahora mismo, se sienten menos felices. En un estudio realizado con 2.250 personas se certificó que pasaban casi el 47% de sus horas de vigilia con sus mentes en un estado de distracción. Es decir, en nuestro día a día, nuestras vidas mentales son invadidas por lo no presente. 

Los pensamientos son fundamentales porque dotan de sentido aquello que percibimos. Pero muchas veces no se construyen sobre datos fiables, sino sobre una versión de la realidad. Todo lo que acontece en nuestra vida lo filtramos a través de nuestro sistema de creencias, forjado a base de experiencias anteriores, miedos, anhelos… En función de lo sucio que esté ese filtro, distorsionaremos más o menos la realidad. 

Debemos saber algo importante. NO somos lo que pensamos. Necesitamos desarrollar la habilidad de separarnos de nuestros pensamientos y observarlos. Con la práctica de la atención plena aprendemos a hacerlo. Desde un estado de tranquilidad, podemos distanciarnos de ellos y, de manera sencilla, dejarlos pasar sin engancharnos a ellos. Cuando llevamos la atención al cuerpo (y lo convertimos en un estilo de vida), y a la respiración, cuando atendemos a nuestro mundo emocional, el pensamiento pierde su aparente poder absoluto. Cada experiencia recobra su justo valor y nuestra visión es más amplia y clara.  

Cuando reconocemos que nuestra percepción es limitada, otra verdad se abre paso en nosotros. Se trata de desarrollar un estado de conciencia que nos permita reconocer el funcionamiento de nuestra mente sus programaciones. El mindfulness, a través de la meditación, nos permite situarnos en un espacio de libertad interno frente a nuestros pensamientos, y actuar en función de lo que es más adecuado para nosotros. Aprendemos a atestiguarlos en vez de identificarnos con ellos, y comprobamos su transitoriedad. 

El mindfulness tiene como objetivo calmar la mente para ver con claridad. Significa pasar de una mente que salta de un pensamiento a otro, sin orden ni control, a una mente centrada en el presente. Esto es fundamental para la persona en proceso de recuperación de una adicción, que debe atreverse a afrontar el dolor que siente.

Aprender a observar el cuerpo, las emociones y los pensamientos, de manera neutra y a la vez compasiva, supone la base de una felicidad interna sólida y comprometida con los demás. 


 

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